Pero cuando caminamos por la calle
el viento canta nuestros nombres en rebeldes canciones
y es demasiado tarde cuando el miedo se ha ido.
Te encontraré en la siguiente vida, te lo prometo.

MegaDeth - Promises

13 enero 2014

Despedida

La vida da mucas vueltas ¿No es así? Nunca sabes quien aparecerá mañana, ni donde acabaras por tu propio pie. He estado sopesando muchos meses sobre esta decisión, pero por fin, ayer, después de un día muy trascendental, tomé un camino al respecto.

Debo dejar esta historia.

Estoy muy apegada a ella, y quien sabe si en algún delirio nocturno de estos míos, mis ganas de retomarla vuelvan. He estado pensando muchas maneras de seguir la secuela, pero ninguna me satisface del todo. Y no hay cosa que mas deteste que dar a luz cosas a medias o sin todo el sentimiento que les quería aportar. Por tanto, por ahora se queda como una novela única. Dicho queda, no estoy renunciando. Simplemente quiero hacer las cosas bien (si incluso había comenzado a hacer el cambio de imagen del blog, madre mía. Lloro).

Uno de los principales motivos, es un nuevo proyecto que tengo entre manos, y que empecé hace apenas horas, aún que llevase en mi mente mucho más. Quiero escribir un libro. Lo quiero con toda mi alma. Llevo seis años creando mundos, creando personajes y dejándome llevar en cada línea. Se que he nacido para eso, y trabajaré hasta ser la mejor en mi campo. He estado olvidando quien soy, mi propia esencia, distrayéndome con cosas absolutamente banales. Ayer ya era tarde, y no quiero perder un segundo más.

A todas, muchas gracias. De verdad, os lo agradezco desde el corazón. Me siento realizada gracias a vosotras, y eso es imposible de dejar atrás. Por eso creo que os merecéis una sincera disculpa y un gracias eterno.

Y a todas las que tengáis un sueño, id a por ello. Basta de excusas, de los "mañana empiezo". Sin trabajo duro no hay recompensa. El talento debe ser trabajado, pero si este no se ejercita, la habilidad le gana. No toméis rutas que os hayan marcado. Pensad que queréis hacer, tomad vuestros propios caminos, porqué nadie tiene poder sobre eso. Ni familiares, ni amigos, ni tu pareja. NADIE. Solo tú misma te acompañas toda la vida, y solo tú acarras con lo decidas. Y no os comáis la cabeza con frases como "es imposible", "no es factible", "no me va a llevar a ningún lado"... Todo eso son puras paparruchas. Siendo realista solo se acaba haciendo algo que no gusta, con dinero que no va a llenar eso, y una monotonía horrorosa. Así que yo os animo. A por ello.

Con todo mi amor, me despido por ahora, y prometo aparecer por vuestros blogs a apoyaros porque os lo merecéis. Hasta algún día. 
Núria.

22 febrero 2013

Capitulo 26 ~ Nada Mas Importa



 “Ven a la carretera abandonada que lleva al bosque. Ahora.”

Tan breve, sin emoticonos,sin faltas o abreviaciones... Conociendo a mi Torbellina aquello no era algo usual. Y mucho menos a las siete de la mañana.
Sostuve el móvil en mi mano, resoplando.
Las dos, en tan poco tiempo, nos habíamos visto metidas en un mundo al cual pertenecimos desde nuestro primer latido -incluso mucho antes-, pero no lo sabíamos, y traía dolores de cabeza. Muchos dolores de cabeza. Como un mensaje de madrugada, obligando a levantarme.

Parecía urgente.

Después de un par de minutos, decidí levantarme y vestirme con todo el sigilo que pude. Si mi padre se despertaba, no iba a salir de casa de ninguna forma.
¡La suerte de mi parte!
Alguien me llamó justo entonces. Alcancé mi teléfono y me lo lleve al oído:

-¿Quién coño...?

-¡Angie! ¡¿Dónde estas?! - Sonó Karen al otro lado, con la voz agitada.

-En casa ¿Karen, que te pasa en la voz?

-¡¿Sabes algo de Núria?!


Me quedé en silencio.


-¡Angie! - Gritó, exasperada.

-Acaba de llegarme un mensaje suyo.

-¡¿Qué ponía?!

-''Ven a la carretera abandonada que lleva al bosque. Ahora.''

-Taio y yo vamos para allá. Acabo de hablar con Mathews y él también lo ha recibido. Exactamente igual. -Hubo una pausa- Michael no contesta a mis llamadas.

-Los vi despedirse ayer. Deben estar juntos.

-Ojala sea así.

-Estaré ahí en veinte minutos.




Pude salir de casa sin ningún problema, y con todas mis ganas pedalee, derecha sobre mi bicicleta. No me había echo ninguna gracia lo nerviosa que estaba Karen. Ella era algo así como una vidente, y si tenía esa exasperación era que algo malo ocurría.
A una cierta altura de la carretera empecé a vislumbrar unas pequeñas motas negras, borrosas por la poca claridad del cielo plateado del casi estallido amanecer.
Con cada giro veía mejor, y mas aterrada me sentí.
Me faltaban veinte metros para llegar hasta ellos, pero al ver a Taio abrazando a Núria, que yacía en el suelo, sin moverse...

Salté de la bici y corrí. Pero fue como si me costara moverme, ahogándome y avanzando con lentitud, al igual que en una pesadilla donde algo te persigue. Karen estaba sentada en el asfalto, apoyada en el coche, llorando, con la vista perdida en el horizonte.
Taio alzó su vista hacia a mi, con toda la cara mojada de lagrimas:

-Se ha ido...

Caí al suelo.

Lagrimas.

-No lo entiendo... - Murmuré.

Confusión.

Rabia.

Dolor.

-Ella ayer... -Sollocé.

La vi marcharse. Me dijo que nos veríamos.

-No va a tocarme. - Agachó la cabeza. - Nos vemos mañana ¿Vale?

-Mas te vale. - Hice el gesto “I'm watching you” y me fui.

Pero me gire un par de segundos para ver como corría hacia Michael y se lanzaba a sus brazos.

La examiné, y vi que de su pecho brotaba una mancha enorme de sangre. Me retiré el pelo de la cara, jadeando:

-¿Qué le ha pasado?

-La han disparado. - Oí a Karen decir, sin variar su posición. Su voz era neutra – Han conseguido acabar con ella.

Pausa.

-Lo que no entiendo es porque se ha entregado voluntariamente. - Gimió entonces, abrazándose las piernas y escondiendo la cara entre ellas.

Se la arrebaté a Taio y me mecí con ella. Dejé mi mejilla sobre su frente. Casi me costaba llorar. Me costaba gritar y hablar, porqué nada era lo suficientemente grande para poder expresar el dolor que cortaba cada parte de mi.
No quería aceptar que nunca podría oírla reír, verla sonreír. Poderle confiar cualquier locura y pudiéramos burlarnos. Pasar noches enteras hablando de cosas serias de la forma mas irónica y sarcástica que existe.
Pero todo eso se había acabado. Absolutamente todo. Acabarse como se acaba una pila, dejando un cuerpo vacío. Acabarse como cuando solo quedan las cenizas de una hoguera que ha ardido con toda su fuerza y solo quedan las cenizas. No habría una brizna de viento capaz de desatar una chispa de vida de nuevo. Ni siquiera el verdadero amor.

Entonces me di cuenta.

-¿Dónde esta Michael?

Taio me miró, con sus ojos vidriosos, vacíos de respuesta:

-No contesta a mis llamadas.

Dejé a mi amiga suavemente en el suelo y me levante como pude. Ande con torpeza hasta mi bicicleta:

-¡¿A dónde vas?! - Gritó Taio.

-¡A buscarle!

La puse derecha de un tirón y me subí. A pesar de todo se estaba rompiendo dentro de mi, sabía reconocer algo irremediable y quedarme llorando a su lado a su lado no servía de nada. Pero me indignaba que la persona mas importante para ella no estuviera ahí, y que, por colmo, no la hubiera protegido.

A los minutos de ir por la carretera, un coche a toda velocidad paso por mi lado. Este se detuvo, a pocos metros de nuestro cruce, de una derrapada, girándose ochenta grados.
Bajé y me dirigí hasta allí. Michael me miró sorprendido, preocupado. Cuando le tuve enfrente le pegue un puñetazo con toda la fuerza que pude sacar. Retrocedió, algo desorientado:

-¡Eres un capullo! ¡¿Dónde estabas, eh?! ¡¿Dónde coño estabas?!

-¿Dónde esta...? - Murmuró, secándose la sangre del labio con su manga.

-¿Núria? - Le corté. - ¿Quieres, de verdad, que te lo diga?

-¡Si, maldita sea! - Frunció el ceño.

Trague saliva. Me costaba horrores...

-Espero que ayer la miraras bien a los ojos, porqué no volverás a ver ese color jamas.







Qué frivolidad. Qué manera mas insensible de ir a una ceremonia de despedido. Sentada en la primera fila, en el salón de actos del instituto, junto a Karen y Taio, oía como los demás alumnos reían y hablaban tranquilamente. Para ellos una semana de luto, era solo una semana sin clases en la que hacer el vago. A nadie le iba a importar que una chica hubiera muerto... Bueno, mas bien desaparecido. La enterramos en un claro al que ella y Michael solían ir, donde Mathews hizo algo para que la policía no encontrara el cuerpo.
Así que la dieron por desaparecida. Me giré, buscándole.
¿Dónde estaba Mathews? Debería haber llegado ya.
Pero en vez de a él, vi a Michael. Se me encogió el corazón. Había sido siempre tan injusta en mi forma de verle. La muerte le había castigado por amar.
Que terrible es que hasta la justicia sea ciega mas allá de la vida, que ademas de vivir en un miserable mundo te arrebaten a tu amada.
Se sentó a mi lado, en una butaca vacía. Estaba inexpresivo. Sin mirarme dejó un papel doblado en mi falda:

-Al despertar me encontré con esto. - Susurró.

Le observé unos segundos. En una semana parecían habersele echado los años no envejecidos encima. Repito, solo lo parecía. Abrí la nota, y enseguida reconocí la letra de Núria:

Michael:
Solo puedo esperar que me perdones algún día por esto. Que me perdones por no estar, por irme cuando todo empezaba. Pero, no crees que es mejor así? Puede que de vez en cuando te preguntes como podría haber sido, pero solo serán suposiciones de un pasado no vivido. Los recuerdos se que te habrían ahogado, tarde o temprano.
Cariño, esta es la única forma de liberarte. A ti, a todos. Liberaros de mi, de la lucha y la fatiga de estar alerta toda la eternidad. No es lo que quiero.
Te deseo una feliz existencia, mi amor. Estoy segura que encontraras a alguien con quien coexistir.
Odio ser tan típica, de verdad, pero es que no hay otra forma de decirlo.
Te amo. Te amo tanto que habría podido saltar de un precipicio si me hubieran dicho que tu estarías abajo. Has conseguido lo que nunca nadie podría haber conseguido. Abrir el corazón de una chica de barreras de acero.
Has echo hervir la sangre de un tempano de hielo andante. Has sacado brillo a la negrura de mi mundo y lo has teñido de felicidad.
Me voy, Michael. Y me voy sin ti. Tengo miedo a la oscuridad del otro lado, pero si rompo tus cadenas, no me importa. En realidad, los dos sabíamos que esto iba a llegar ¿Verdad? Pero eso no hace que todo desaparezca.
Te amaré aun que no vea nada.
Por cierto, nunca te dije mi verdadero nombre...

Anabelle Nuria Balmes Hérnandez
Qué idiota... Por fin lo entendía. Ella siempre tan altruista. Se entregó para que la mataran y así nos dejaran en paz.
La culpabilidad me llenó.
¿Por qué...?






Podría decirse que un mes después los días eran huecos, como si pasaran por pasar, y las noches muy pesadas, en las que dormía por dormir.
Nadie pronunciaba su nombre, ni una palabra sobre lo ocurrido. Pero no podíamos ignorarlo.
Iba a visitar de vez en cuando a Taio y a Karen. Michael no solía estar, y si estaba... Solo se sentaba en el sofá sin inmutarse.
Algo nos faltaba a todos, y viviríamos sin esa parte de nosotros por la eternidad. Continuar era lo único que podíamos hacer, aun que arder fuera mas placentero.
A causa de la falta de ella, el festival se suspendió y las vacaciones entraron como cualquier fin de semana.

Aquella madrugada estaba yo, con los ojos cerrados pero muy despierta, escuchando música de mi móvil, a un volumen casi inaudible.
Oí un golpe, al cual no le di importancia.
Segundo golpe. “El gato” pensé.

Tercero.

Me recosté, abriendo los ojos y quitándome los auriculares.

Cuarto.

Estaba en mi ventana.

Bajé de la cama, andando cautelosa hasta allí. Levanté la persiana con toda la suavidad que pude. Una sombra se recortó en la parte derecha del cristal. Corrí las cortinas...
Sorprendida, asustada, me caí al suelo. Un torbellino acababa de arrasarme por dentro.


Ay Dios mío... Aquí acaba la primera parte de la novela :'( Me da penita... Aún me acuerdo del primer día... Me parece increíble. He estado muy liada últimamente por eso casi no tengo tiempo para nada. Intentaré comenzar con la 2ª parte en cuanto pueda. Os quiero <3

01 febrero 2013

Capitulo 25 ~ Tragedia A La Par


Por supuesto que dije que si. Si, si, y otra vez si. Y es que en este mundo moderno que
un hombre de diga que te vayas a vivir con él equivale a pedirle matrimonio a una mujer en el pasado. Me habría gustado ayudarle a llevar mis cosas, pero prefirió que fuera al instituto para ver a Angie, que debía estar muy preocupada.
Lo que me preocupaba a mi era su transformación a inmortal ¿Qué pasaría entonces? Mi novio y mi mejor amiga se quedarían jóvenes por la eternidad mientras a mi la muerte me seguiría, observándome escondida en cada esquina, y el paso del tiempo me envejecería lentamente, tan mortífero y venenoso.
Por otro lado me sentía tan libre lejos de esos pensamientos, pero estaban ahí, en mi cabeza, aún que parecían irreales, vagos y borrosos. Andaba con el pelo suelto ondeando al aire, con una seguridad en mi que nunca había tenido, sintiéndome la mujer mas poderosa en todo el mundo, incluso como si un fuego se alzara en mi interior y estallando hacia afuera.

Michael me resolvió unas dudas que tenía, en la noche anterior. Lo primero fue preguntarle porqué sabía que Angie iba a convertirse. “Es algo que se siente cuando esta en ebullición” me contestó. Y de segundo, el tema de los kanjis. Me dijo que cada inmortal posee la capacidad de controlar uno de los cuatro elementos a su vera, que lo estuvo hablando con Mathews -ya que él se preguntaba porqué implantó esa cualidad- y que él no lo hizo, simplemente se fue desarrollando por si solo. Así que al parecer la raza inmortal evolucionaba fuera de las manos de su creador.
Por último, el porqué yo no debía tocar la espada -según Michael-. Aquella espada era la que él tenía en la vida en la que nos conocimos, y su hoja era fatal para un inmortal, por tanto estaba cargada de mucho poder y era peligroso para un humano. Con lo de la espada tuve otra opinión. Karen me contó que la espada había desarrollado un vinculo conmigo, ya que si no no habría aparecido delante de mi, por tanto, era en parte mía.

Entré en el instituto caminando como una modelo, pavoneándome de a saber qué ¡Ni siquiera tenía importancia! Podría haberme puesto a bailar ahí mismo. Me sentía como un cohete a punto de elevarse, como una gacela corriendo por un prado o como una águila alzando al vuelo.
Decidí centrarme, recordando mi prioridad. Angie:

-¡Anabelle Nuria Balmes Hérnandez! - Oí detrás de mi.

Al girarme -contrariada por que alguien había pronunciado mi nombre antiguo, el cual odiaba por como sonaba y por su pasado- el abrazo que me dieron de poco me tira al suelo. En seguida me invadió un perfume de vainilla:

-¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! - Gritó mi mejor amiga, separándose y dándome un toque en el hombro - ¡¿Cómo se te ocurre desaparecer de esta manera durante casi una semana sin avisarme, sabiendo como están las cosas?! ¡¿Estas tonta?! ¡Me lo ha contado todo Mathews! ¡Te prometo que te mato!

El pasillo entero se nos quedo mirando -ahora si-, con una pregunta evidente en sus rostros: “¿Qué les pasa a esas dos?”. Incluso yo tenía cara de poker:

-¿Mathews te lo ha contado?

-¡Pues claro! ¡Es el único que se molestó en llamarme ayer para informarme y decirme que estaba todo bien! Aún que eso de bien es relativo...

-Tranquila Angie - Le puso la mano en la cabeza. Mathews tenía una gran habilidad para aparecer de la nada. Me miró a mi, sonriendo -. ¿Qué tal fue con Michael?

-Tuvimos una breve discusión, pero hoy...

-Te mudas a su casa, lo se -Continuó él por mi, sorprendiéndome-. Lo hablamos ayer mientras te duchabas. Ya que estáis juntos, si vives con él va a serle mas fácil protegerte en las horas extraescolares. Mientras estemos en el instituto yo me encargo de tu seguridad... Y de que Angie no estalle como una bomba.

-Hijo puta... - Masculló ella, cruzándose de brazos - ¿Cuanto tendré que esperar hasta la conversión?

-Depende de la persona.

-¿Y de que tipo voy a ser?

-De Tierra, ya te lo he dicho tres veces.

-¿Y...?

Me alejé hacia mi taquilla, dejándolos con su conversación entre Padre de la raza y Futura inmortal.
Yo sería la única que avanzaría en el camino de la vejez. No podía apartar esa idea de ningún modo. En un par de años yo ya sería mas mayor que Mathews y Angie, y en unos once mas que Michael, Taio y Karen.
Abrí la puertecilla, suspiré. Dejé mi cabeza sobre el borde:

-¿Así que tu nombre completo es Anabelle Nuria Balmes Hérnandez? Una vez me llamé Hérnandez. En el siglo XV cuando estuve viviendo en España. - Mathews se apoyó a mi lado. Pegué un respingo del susto.

-Odio ese nombre. Cuando mis padres murieron y Taio me adoptó me convertí en Nuria Gene a secas.

-¿Antes siempre te llamaban Ana?

-Si, pero siempre me ha gustado mas mi segundo nombre, por eso lo conservé - Gruñí con desagrado -. Ya van tres personas que conocen mi antiguo nombe. Tú, Taio y Angie.

-¿Y Michael?

-Si se lo dijera se burlaría de mi para los restos.

Sonreí con los ojos. Que extraño era hacer ver que mi vida era tan corriente como la de todos los que me rodeaban:

-Nuria...

-Dime.

-A la hora del patio te estaré esperando en el auditorio. -Se acercó a mi oído - Tengo que hablar contigo.

Y dejándome aquel susurro zumbándome en el oído, se alejó.






Podía oír el ruido que todo el mundo hacia en el corredor principal, mientras andaba por aquel pasillo corto todo blanquecino que conducía hasta la puerta del salón de actos. Empujé la puerta de madera de cerezo y entré. Desde el primer día me gusto aquel lugar, con sus butacas rojas y su gran escenario. Era silencioso -algo muy raro en aquel edificio-, cosa que agradecía.
Mathews estaba sentado en una butaca en la fila 10, con los pies en alto en el respaldo de la de delante.
Me acerqué hasta allí y me senté a su lado, imitando su postura. Enseguida soltó una risita:

-¿Me vacilas?

-¡No! - Negué con la cabeza, con sarcasmo. - ¿De que querías hablar?

Su rostro mosto una seriedad repentina, y se sentó correctamente, así que me vi obligada a hacerlo también. Removió su cabello con una mano y soltó un soplido:

-Deberías haber muerto. - Espetó, frunciendo los labios.

-Oh, vaya, teniendo amigos como tú, para que necesito enemigos? - Ladee la cabeza, bromeando e intentando que se relajara.

-No, lo digo en serio. Lo que pasó ayer fue imposible. Puedo sentir como una vida se apaga y como una nace. Cuando Michael se tiró al mar para salvarte, estabas muerta, pero al llegar a la orilla tu corazón latía y no había rastro de la seta en tu organismo, solo en tus labios. Yo no hice nada, y apuesto a que Michael no gran cosa.

-Odio cuando empezáis a explicarme las cosas sin decirme nada en realidad.

Se puso tenso, agarrándose a los brazos de la silla. Por un momento vi sus milenios reflejados en sus ojos:

-Debes prometerme que lo que voy a contarte quedará entre nosotros. No puedes contárselo a nadie. Incluso deberías intentar pensar en ello lo mínimo. Debes hacer como si no ocurriera nada ¿Entendido?

-Entendido. - Balbucí, nerviosa. Ya no tenía miedo de nada de lo que pudiera decirme.








-Bueno ¿Y cuando lo haréis?

Me quedé perpleja ante la pregunta de Angie. El rubor se me subió hasta las mejillas, ya que no sabía de que manera contestar:

-¡¿A qué viene eso?! - Acabé gritando.

-Pues a que después de lo ocurrido no podéis perder mucho el tiempo ¿Me entiendes?

-Solo piensas en una cosa... - Me burlé.

-Tú también piensas en ello, no me fastidies.

Los pies se me pararon en seco al ver a Michael con la moto enfrente de la puerta. Sonreí a medias y miré a Angie:

-De acuerdo, lo admito. Pero recuerda que para él ahora soy una niñata, y ni de coña va a tocarme. Michael no es de esos.

-Pues vaya soso. - Entornó los ojos.

-Ademas, no me siento a gusto haciendo esas cosas con la edad que tengo.

-¡Tienes un trauma con la edad! “Esas cosas” -enfatizo- dependen de la madurez y ya tienes el pote lleno, así que deja de rallarte.

Vacilé.

-No va a tocarme. - Agaché la cabeza. - Nos vemos mañana ¿Vale?

-Mas te vale. - Hizo el gesto “I'm watching you” y se fue.

El gran momento de mi día. Hice un sprint hacia él y le abracé. Pero claro, las cosas eran diferentes -al fin-. Ahora tenía un extra.
Me besó.

-¿Qué tal el día?

-Cansado.

-Pues reactivate. Tengo una sorpresa para ti. - Me guiñó un ojo, y me ayudo a subir a la moto.








-¿Por qué tengo que ir con una venda en los ojos? Es muy clásico. - Reí.

-Soy un clásico empedernido. Cuidado con las escaleras de la trampilla.

-¿Escaleras? ¿Trampilla? ¿Dónde estamos? ¿En Hogwarts?

-Es que aún no has visto la terraza.

Puso sus manos en mi cintura, llevándome por unos escalones que crujieron con el peso. Por último, me detuve al llegar a una superficie firme:

-¿Preparada? - Se le notaba la emoción en la voz. Podía jugarme lo que fuera a que estaba mordiéndose el labio inferior.

-No.

-¡Oh, venga! Te gustará.

Cuando la venda dejó mis ojos a la intemperie, los mantuve cerrados por un segundo.
Al abrirlos me mostraron una gran hamaca acolchada de color crema con unos cuantos pétalos de rosa esparcidos por encima, ademas de unas cuantas velas pequeñas en el suelo. Por colmo se veía toda la ciudad chispeando bajo el crepúsculo:

-Un día me dijiste que te encantaría balancearte con la hamaca mas grande del mundo. Esta no es la mas grande, pero es toda tuya.

Me volví hacia él, que sonreía con tal felicidad que me daba a creer que nada malo existía en los suburbios de este mundo, ni en cualquier otro:

-Nuestra.

Le tomé la mano. A Michael pareció encendersele una luz en el alma. Le hice avanzar hasta la hamaca, donde nos estiramos boca arriba.
El cielo cada vez era mas oscuro, y las estrellas mas lúcidas:

-Brrrrr... - Gruñí.

-¿Qué te pasa?

-Estoy agotada.

-Pues descansa. - Acarició mi nariz con un pétalo – Esa es tu única obligación ahora.

-Tengo deberes y exámenes... -Me recosté, con la espalda dolorida de haber estado cargando un montón de libros.

-Tranquilizate. - Me empujó y se me puso encima, encarcelándome entre sus brazos.

Fue justo entonces cuando el sol se escondió en el horizonte, dejándonos iluminados únicamente por las velas.
Entrelazó sus manos con las mías y me dejó completamente cao con un par de sus miradas profundas:

-Michael, tengo que preguntarte algo. - Balbucí.

-Dime.

-Estarías dispuesto a... - Fruncí el ceño, cerrando los ojos.


No me atrevía.


-¿A qué?

-Se que vas a decirme que no y que es muy pronto pero...

-Dilo ya. - Me cortó.

-Me gustaría que... - Suspiré. No podía, definitivamente – No importa.

-No. Ahora no vas a dejarme intrigado. Dímelo.

Como sentía el dolor en ese momento. Todo el cuerpo se me rompía. Podía oír aun retumbar en mis tímpanos ese “lo siento” de Mathews, y sus lagrimas...
Era justo. Justo por lo que nací.
Sonreí, evadiéndome a mi misma:

-Tengo hambre, y me encantaría que me hicieras tortitas. Eres buen cocinero.

Parpadeo, algo sorprendido. Enseguida me devolvió la sonrisa:

-Que tonta eres ¿Por eso tanta intriga? - Puso su mano encima de mi cabeza, y agito mi cabello, despeinándome - ¿Sabes que?

-Dime.

-¿Has visto alguna vez el infinito? - Alzó sus ojos hasta el cielo estrellado.

-No... - Musité, confusa.

-Yo si. En toda su plenitud. Hundido bajo un manto de fuego; grisáceo, tranquilo, eterno. Creo que cada uno tiene su propio infinito, solo que la mayoría deciden no andar por él. Yo di un par de pasos y me perdí, pero no me importa... Porqué perderme en el infinito de tus ojos es la prisión mas deseable, que, en una escala gradual, estaría arriba del todo. - Se me acercó, observándome por fin. Sonrió con los ojos – Te amo, Campanilla.

No estoy muy segura de si fue por esa coletilla, o simplemente por su gran capacidad de hacerme sentir inmensa. Pero estalle. Estalle de felicidad y tristeza a la vez, en llanto, gimiendo. Todo condenado a muerte se le concede una última cena a su gusto.
Sus besos. Eso elegí.


Michael, perdóname.


Holaaaaaaaa! :D Hará como un mes o mas que no publicaba :_ matadme, me lo meresco SOY UNA PECADORA! Bueno, este es el penúltimo capitulo de la primera parte. Madre mía, como pasa el tiempo... 
Espero que os guste :3 Os eche de menos! Love U All <3


31 diciembre 2012

Capitulo 24 ~ Libre Albedrío



Cuando el frío arrasa con cada lugar de tu ser, lo único que deseas es sentir el calor de nuevo en tu cuerpo. Pero hay algo mejor, que es el calor de otra persona. Michael se sentó conmigo atrás y no me soltó en ningún momento. Dentro de mi, de verdad, deseaba que sus brazos no me rodearan solo por hacerme el favor de dejar de tiritar, si no porque realmente deseaba abrazarme. Fuera de la manera que fuera, yo no me quejaba. Pero cada vez que alzaba mi vista un poco hacia él, simplemente miraba por la ventana, como si estuviera abrazando a una mochila. Quería abrir la boca y preguntar con mucha frecuencia, pero el que Mathews estuviera delante me frenaba. Me era imposible llamarle Emir, aún que ese fuera su verdadero nombre.
Llegamos a casa, donde Karen y Taio se dedicaron a llorar, gritarme y asfixiarme a abrazos durante unos largos veinte minutos.
Una vez el drama pasó, decidí darme una ducha y, de paso, recapacitar y estructurar mis ideas, formando preguntas a la vez. Me quedaba mucho por cuestionar, muchas cosas que aún no sabía. Aún así, no era el dilema de la noche.

Al salir del baño, me encontré la casa vacía. Mathews no estaba, ni Karen, ni Taio. Solo Michael, apoyado en la encimera de la cocina, bebiendo café acabado de preparar. No le dirigí la palabra, solo cogí la cafetera y me serví una taza. A diferencia de él, yo me eché leche:

-¿De verdad lo hiciste por qué creíste que había muerto? - Dijo, ladeando la cabeza.

-Si.

El silencio se compactó en el aire, convirtiéndose en una espiral/agujero negro que estaba absorbiéndome:

-¿Y si no hubiera llegado a tiempo? ¿Que habría pasado entonces? - Me sermoneo. Suspiré, encogiéndome de hombros.

-Pues que no habrías llegado a tiempo.

Otra vez hablaba sin pensar. Mejor. Pensando lo que iba a decir era peor, siempre soltaba burradas enormes. Mas que cuando todo me salía a bocajarro:

-Parece que no entiendes lo importante que eres.

-¿Y eso que quiere decir? - Arrugué el ceño, algo mosqueada - ¿Qué no puedo hacer lo que quiera con mi vida porqué mi sangre es una especie de poción humanizadora?

-Puedes hacer lo que quieras con tu vida, pero no quitártela.

-¿Por qué?

-Porqué no estoy dispuesto a vivir lo de hoy de nuevo.

Su respuesta me sorprendió, ya que había esperado un “toda una raza depende de ti” o “sería algo egoísta e insensato”. El corazón se me encogió, ante aquella frase. Dejé el recipiente lleno de café en la encimera y me puse de espaldas, intentando contener -en vano- unas lagrimas que corretearon por mi cara. Michael me volvió, y al verme, me sostuvo entre sus brazos, soltando un bufido:

-Te prometo que me mantendré con vida, si es eso lo que necesitas para seguir con la tuya.

-Mas te vale recordar eso - me solté, tomando por segunda vez la taza entre mis manos. <<¿Solo estamos tú y yo, aquí?

-Si.

-Pues entonces deberíamos aprovechar para aclarar ciertas cosas.

-¿Ciertas cosas?

-Ajá. Con que virgen, eh? - Sonreí con los ojos, aún que por dentro se me removió todo.

Fue de inmediato cuando se puso de los nervios. Se llevó una mano a frotarse la nuca y después, la bajó, para subirla otra vez y rascarse el pelo:

-Sonó imposible desde el primer momento - Expliqué, tomando un trago de café -. Bueno, eso no es realmente lo que... ¿Por qué Karen le tiene tanta tirria a Belle?

-Siempre creyó que Belle se aprovechaba de mi. Pero yo nunca la vi ese tipo de persona. Nunca me pareció que lo que quisiera fuera fama ni dinero, si no a mi. Ademas, nunca me presionó para que lo hiciéramos publico ni nada por el estilo. Era una chica de calle, normal y corriente. Solía decirme que no le gustaría ser famosa, y que si estaba conmigo era porqué me amaba. Y eso era importante para mi.

Por alguna razón no me molestaba que me hablara así de Belle. Puede que fuera

-¿La quieres?

Titubeó, pareciendo encontrar las palabras correctas para decirme algo que con esa pausa estaba quedando mas que claro:

-No la quiero de la misma manera que puedo quererte a ti. Cuando la conocí y nos enamoramos parecía que podía aguantar siempre a mi lado, soportando toda la polémica y el peso de mi fama. Ella de verdad quería aguantar, pero cada vez se ahogaba mas a mi lado. Siempre me sonreía, me abrazaba y me decía que nunca me dejaría solo. La quiero porqué estuvo ahí hasta el final, pero ya no la reconozco como tal. La Belle que yo conocía nunca habría engañado ni perjudicado de la forma en la que lo hizo.

Me quedé muda, observando aquella mezcla de nostalgia y dolor en sus ojos. Pegué un salto, sentándome en la encimera:

-Puede que debieras haberte quedado con ella. - Suspiré, dándome cuenta que mi taza estaba vacía.

-¿Por qué dices eso?

-Tengo cincuentena años de vida mas, envejeceré, y puede que enferme. Ademas, Belle es mucho mas fuerte que yo. Ideal para ti.

-Sabía que te pondrías celosa... - Acachó la mirada, cansado. Me enfadé por ese gesto ¿Quien se había creído que era yo?

-No lo estoy diciendo por celosía. Si nada de esto hubiera pasado, Belle habría aguantado por ti hasta el último latido de su corazón. Te habría querido mas que nadie en ese maldito mundo, sin importarle todo lo que pudiera provocar tu faceta famosa. Y si yo hubiera estado en su lugar, no hubiera aguantado nada.

Me agaché un poco para abrir el armariete que había detrás de mi para coger una CocaCola y lo volví a cerrar. Al volver a mirar a Michael, parecía que el alma se le había caído a los pies:

-¿Y eso que significa? ¿Qué tú no me quieres tanto?

-¡Ooh! - Gruñí con desesperación - ¡No es eso! Solo digo que no soy lo que necesitas.

-¿No crees que eso debo decidirlo yo? Parece que incluso tengas ganas de sacarteme de encima -Frunció el ceño, algo cómicamente.

Pero no me reí, aún que tuviera unas ganas verdaderas de romper aquel ambiente en pedazos. Michael debió notar que yo no me bajaba de mi rama, porqué soltó un soplido bastante profundo:

-Eres una cabezota.

-Gracias. - Entornó los ojos, con aire cansado.

-La verdad es que no entiendo cual es el problema.

-La edad.

-¿La mía?

-No.

-A ver... - Cogió una silla, poniéndola con el respaldo hacia a mi y se sentó – Quiero que te quede bien claro que yo no te estoy pidiendo, ni insinuando, que te adelantes a lo que te toca ¿De acuerdo? Es mas, no quiero que lo hagas.

Me quedé atrapada en la seriedad de sus ojos. Había malinterpretado el sentido en el que me refería a los problemas de edad. Él lo estaba reduciendo todo a un solo tema:

-Alguien de cincuenta años no puede mantener una relación amorosa con una chica de quince.

-Ya, pero resulta que ese alguien y esa chica no son como los demás.

-Pero...

-Basta ya, Nuria. -Me cortó, tan tajante que me quedé de piedra - ¿Puedes, por un segundo, recordar lo que nos ha costado llegar a este punto? Si de verdad quieres que estemos juntos deja de poner pegas. No hay manera de que esto sea normal y sin problemas. Así que deja de intentar ver y convertilo en lo que no es.

Se levantó, apartando la silla de un golpe, y desapareció de la cocina.



Michael tenía razón, como de costumbre. Desde que nos conocimos estuve intentando transformar nuestra relación, forzando las cosas. Imaginaba que él ya estaría cansado de batallar mi tozuda forma de ser día si, día también.
Estaba muy avergonzada por haberme puesto tan tonta después de haber pasado por los peores momentos de nuestra vida en veinticuatro horas. No me sentía capaz de mirarle a la cara y hablarle corrientemente.
Por otro lado debía volver al instituto, recuperada de un “catarro”, así que debía preparar mis cosas. Con todo lo que estaba ocurriendo se me olvidó que tenía que cantar y bailar delante de todo el alumnado, ademas de interpretar a Julieta... Y aprobar los exámenes finales.
La vida no era justa conmigo, definitivamente.

Una vez que dejé la ropa y mi mochila preparadas, me encaminé hasta el salón de forma silenciosa. Él estaba estirado en uno de los sofás, durmiendo. Caminé de puntillas hasta el respaldo, apoyándome en él. Me recorrió un escalofrío al recordar cuando le vi muerto.
Acerqué mi mano hasta su pecho, y rocé muy suavemente su camisa con mis dedos. Al sentir su pulso, me tranquilice. Seguía vivo:

-Hola. - Dijo. Pegué un respingo del susto.

-¿Estas despierto? - Balbucí.

-No. Estoy dormido – Abrió los ojos, con media sonrisa - ¿Tú que crees?

Siempre igual. Era incapaz de enfadarse, de gritarme, de culparme y de decirme lo mala que era con él. Y no había nada en todo el mundo que me hiciera sentir mas culpable. Algo empezó a hacer presión en mi pecho, provocando que empezara a lagrimear.
Michael no dijo absolutamente nada, solo me observó en silencio:

-Lo siento mucho, pero es que... Podría ser tu hija ¿Sabes? Y no me estaba refiriendo a hacerlo, puedo esperar a eso. Pero tuviste a Belle, y seguro que a muchas otras antes, y yo no puedo sentir así, ni puedo tratarte de la manera en la que le haría ella. Lo mas probable es que no sepa ni como...

No podía continuar. Se me ahogaba la voz, me temblaba todo el cuerpo, y cada vez me sentía mas pequeña:

-Si tan insegura te hace sentir que lo joven que eres pueda afectar en nosotros, puedo esperar. No voy a forzarte mas, nunca.

-Pero en cualquier momento puedo morir. Soy un blanco a cada minuto, sin descanso. Y no me digas que no va a ocurrir, porque podría ocurrir y lo sabes.

-Ven aquí.

Se recostó, dejándome espacio para que me sentara. Me abrazó con fuerza, hundiendo mi rostro en su pelo:

-Me supera pensar que puedo perderte. Por eso siempre lo digo. - Dejó su frente sobre mi hombro – Tú decides, solo te digo que me haces feliz simplemente por mantenerte a mi lado. Te querré siempre, tengas la edad que tengas, pase lo que pase... Así que no sufras tanto ¿De acuerdo?

Llevé mis manos hasta su cara, haciendo que me mirara directamente.
Estaba dispuesta a asumir las consecuencias:

-Hablas demasiado.

Aquello lo dejó perplejo, y el beso que le di lo remató. Pero enseguida enganchó el hilo y me correspondió:

-¿Estas segura de que...?

-¿Has oído hablar de la libertad de elección? - Le corté. Asintió, con cara de no entenderme – Pues esto es lo que elijo.

Mi respuesta le produjo una enorme sonrisa. Me pareció que hacia milenios que no le veía tan feliz. Me volvió a besar, tumbándome en el sofá, y achuchándome como a un oso de peluche:

-Tengo que pedirte algo Campanilla, pero es solo si tu de verdad quieres y... - Tartamudeó con nerviosismo.

-¿Qué es?

-¿Quieres venir a vivir conmigo?


Hellow everybody!:D FELIZ 2013!!! Aún estamos a día 31, pero no esta mal un capitulo con final feliz para fin de año no? ;3 Ademas, NO SE ACABÓ EL MUNDILLO ^^ Es la hora de los agradecimientos!
Gracias a todas por haber estado aquí este año conmigo. Ha sido un año muy duro para mi y escribir era mi escape de la realidad. Vosotras me ayudasteis mucho con vuestros comentarios y apoyo, incluso a las que están ahí de forma invisible.
Y a ti Di, mi incondicional seguidora y amiga: gracias por tus maravillosos comentarios. Gracias a ti me he sentido muy esperanzada cuando creía que era una mediocre. Te debo mucho amiga <3
Por otro lado, la primera temporada esta a punto de acabar :) y la segunda traera un montón de sorpresas!
Espero que tengáis un feliz año, os lo merecéis guapísimas de mi corasón'! Love you all <3

16 diciembre 2012

Capitulo 23 ~ De Terrible A Increíble




Salí del agua con ella en brazos y la dejé sobre la arena húmeda. Estaba pálida como la tiza, y eso me dio sensación de ahogo. Puse mi oído sobre su pecho, y escuché unos latidos débiles y cansados. Tapé su nariz con mis dedos y le hice el boca a boca, pero el resultado fue descorazonador:

-¡¿Por qué no respiras?!

-Michael.

-¡¿Qué?!

Le mire, queriendo asesinarle. En parte me parecía que todo aquello era culpa suya. Y él también se sentía así. Podría haberla detenido perfectamente... Pero no lo hizo.
Justo en ese momento, yo debía parecer un animal salvaje, con las uñas clavadas en la arena, matando a Mathews con los ojos prendidos en fuego y empapado por completo -cosa que me hacia mucho mas fuerte en aquel momento-:

-Ha... Ingerido algo. - Frunció el ceño, agachándose a su lado, también.

-¡¿A qué te refieres?! - El corazón me iba a mil. Cada segundo era tiempo perdido, por tanto, irrecuperable. Tiempo crucial para la vida de Nuria.

-Porqué se le nota el veneno en la boca ¿No has notado un sabor extraño? - Ladeo la cabeza – Claro... La sal del mar lo habrá limpiado...

-¡No es momento de hacer de filosofo! ¡Haz algo! Has podido revivirme a mi ¡Ella aún no esta muerta! ¡Vámos!

Asintió. Me retiré, quedándome sentado al lado de su cuerpo. Cogí su mano helada, mientras a Mathews se le aparecía el kanji del agua en la mano derecha, que posó sobre el vientre de ella.
Intentaba no perder la calma, e intentando pensar que ella pronto abriría a los ojos. Porqué si mi mente tomaba el otro camino, estallaría en cólera y no controlaría ningún aspecto de mi ser:

-Una seta venenosa. -Dijo Mathews – Listo. Eso ya no es problema.

Extendí mi mano sobre ella, pretendiendo usar mi control sobre el agua para extraerla se sus pulmones. Pero Mathews me detuvo, tomándome por la muñeca:

-Eso es demasiado agresivo. Le malmeterías las entrañas. - Se puso de pie, metiendo las manos en los bolsillos de sus tejanos – Ahora es cosa tuya.

-No me mires como si esto fuera culpa mía. - Farfullé, fulminándole.

-No te estoy culpando ¿Es que crees que no se que es mía, la culpa?

El día que conocí a Mathews, no me sentí nada a gusto con que estuviera en la vida de Nuria. Pero la rivalidad entre él y yo era algo mas trascendental.
Él era el creador de la raza inmortal, mas conocido como Emir. Pero una de sus armas para pasar desapercibido, manteniéndose como una leyenda, era -evidentemente- cambiar de nombre constantemente. Emir era un joven alquimista y mago al servicio de un faraón -del cual se ha olvidado el nombre-. Este faraón tenía una hija, que compartía una relación secreta con Emir. Típico. Dos jóvenes enamorados a los que separa la posición social. Pero Emir sufría una maldición que su abuela le impuso para castigarle por su ambición y codicia. Esta maldición se basaba en una vida eterna, completa repulsión a la muerte por el resto de los días hasta que el mundo cediera. Pero los poderes de Emir eran enormes y pudo tergiversar algo la maldición, consiguiéndose unos increíbles dotes sobre los elementos. Un día, la hija del faraón enfermó y quedó marcada su hora final. Emir, con el alma partida en dos, no quiso vivir sin ella. Empezó a investigar la forma de convertirla a ella también, y así tenerla para siempre. Él no se dio cuenta de lo peligroso que fue el remedio. Lo creo en un pequeño frasco. Una vez conseguido, acudió a la habitación de la joven, pero cuando le hizo beber la poción su espíritu voló antes de que la conversión se completara. Aquel conjunto de magia negra, brujería, genética y poder metido en una probeta se escurrió de sus manos y se escampó en el aire. Y así se ha ido escampando en los genes, actuando cuando menos se espera. Pero no fue lo único que el error de Emir desató. El alma de la joven quedó impregnada por la magia e “inconscientemente” así fue como Emir la eligió para salvar la raza inmortal de la maldición. Por supuesto él supo que no todo el mundo querría ser liberado, por tanto, se le tenía que asignar un protector. Este protector sería la par de alma, su mitad. Y así fue como me conoció a mi siglos atrás. Mi destino estaba escrito desde aquel día en el viejo Egipto. El colmo era que jo inicie una maldición mas, retando a la muerte, que acechaba a Nuria día tras día, con intención de quitármela.
Mathews se volvió, empezando a caminar por la orilla. Debía ser muy duro cargar con la responsabilidad de aquello. Por supuesto, sin que él me lo hubiera contado, había conocido a Nuria muchas vidas antes que yo en las cuales la amó. La seguía amando, estaba seguro. Pero tenía que resignarse porqué estaba yo.

Inflé mis pulmones hasta el máximo y volví a hacerle el boca a boca, pero seguía sin recibir una respuesta:

-Abre los ojos... Por favor...





-Michael...

La lluvia se cernía sobre cada rincón de la ciudad. Mi cuerpo estaba helado por el rastro frío del agua, a la vez, con la ropa pegada al cuerpo y el cabello revuelto. El cielo estaba tan oscuro, que era casi negro. Poco a poco pude oír el sonido de las gotas, pero no el motor de un coche conduciendo por una calle cercana. Yo yacía de pie, en medio del asfalto de un barrio cualquiera -vacío, sin un solo vehículo aparcado-. A unos veinte metros de mi había alguien. No tenía nada en mente. Si alguien me hubiera preguntado mi edad, posiblemente mi respuesta habría sido errónea, o, en todo caso, una barbaridad. Solo aquella silueta:

-¡Michael!

Pero no obtuve una respuesta verbal, solo vi como extendía sus brazos. Sin pensármelo dos veces corrí como nunca lo había echo. Y a medida que la distancia se acortaba, sus rizos se definían, la chispa de sus ojos se avivaba y su sonrisa se ensanchaba. Pegué un enorme salto al llegar a él, rodeando su cintura con mis piernas y agarrándome a su cuello con todas mis fuerzas:

-Eres tú... - Susurré.

-Abre los ojos.

Un par de escalofríos seguidos me recorrieron entera. Dirigí mis ojos hasta los suyos, cruzándolos mutuamente. La alegría había desaparecido de su rostro, y por entonces, pude distinguir entre las gotas de lluvia, unas lagrimas:

-¿Qué...?

-Abre los ojos, te lo suplico.

-¿Qué estas diciendo? - Fruncí el ceño, algo molesta porqué sus manos me apretaban demasiado, hasta hacerme daño.

-¡¡¡Ábrelos!!!






Es muy extraño cuando sientes que algo sale de tu cuerpo. Por ejemplo, al parir y separan a tu niño de ti, o incluso cuando expiras demasiado. En mi caso, era agua. Empece a toser, con los ojos entreabiertos -aún que todo era borroso-. Me recosté, poniéndome boca abajo para esculpirlo todo y dejar mi mirada en un punto hasta que se fijara. Todo me dolía, y me sentía febril. Pero, sobretodo, con ganas de volver al océano ¿Cómo había podido sobrevivir? Aún que el mar me hubiera arrastrado, la seta tendría que haberme matado:

-Mierda... - Farfullé.

-¡Maldita sea! - Alguien gritó a mi lado - ¡¿Se puede saber en que estabas pensando?!

La carne se me puso de gallina al oír aquel timbre de voz. Me volví hacia él, sentado a mi lado. Estaba mojado por completo pero... Era imposible. Era como estar teniendo una alucinación. Debía estar en el cielo, porqué el nunca iría al infierno. La muerte no le había cambiado nada, seguía tan hermoso, con su aura tan carismática como siempre:

-Michael...

-¡Nunca mas...! ¡¿Tienes idea de...?! - Gritó, dejándose caer sobre el suelo, pero se recostó enseguida - ¡¿De dónde has sacado lo de saltar de un acantilado?!

-De una película. - Me acerqué a él, dejando mi mano sobre su mejilla. Bajó su mirada, para devolverla a mi en pocos instantes. - Por lo menos he conseguido lo que quería...

-No estamos muertos, Nuria. Que macabra eres, por Dios... - Arrugó el ceño.

Bajé mis dedos hasta su pecho, donde unos latidos se entrelazaron con el pulso que también corría por mis yemas, notando, a la vez, como subía y bajaba, en una respiración entrecortada. No pude contener un par de lagrimas. Bueno, mas que un par, fueron en realidad:

-Mathews consiguió revivirme cuando te fuiste. - Se encogió de hombros – Cuando me lo ha contado me he quedado anonadado ¿Tú no?

Es difícil reaccionar en un momento como ese, pero... ¿Qué tipo de conversación era esa después de casi morir los dos? ¡Ese hombre es increíble! Me le eché encima, cayéndonos al suelo. Le abracé con todas mis fuerzas. No me lo pensé dos veces y le besé:

-Te amo.

Había tardado demasiado en sincerarme. Había estado preocupándome demasiado y rigiéndome en exceso por la razón. Pero si algo aprendí de aquel momento fue que no puedes esperar demasiado a hacer algo relacionado con una razón de peso en tu vida. Porqué la muerte podía llegar en cualquier momento, y no me apetecía perder el tiempo mas con Michael. El final podía ser inesperado, cuando fuera. Pero con él el final parecía un principio, algo malo en algo increíblemente bueno... Ya no tenía miedo a que mi mundo diera una vuelta, porqué si era Michael quien se la daba, todo se tornaría a mejor.